viernes, 30 de julio de 2010

¿Cómo discernir si es noviazgo o amistad?

El hombre no nació para vivir aislado, eso lo sabemos, inclusive aprendemos en la escuela la importancia del relacionamiento.
Podríamos decir que la amistad entre las personas se fundamenta en los encuentros de necesidades diversas y en descubrimientos conjuntos basados en la lealtad y en el comprometimiento.

Cuando estamos dentro de una convivencia familiar, nuestros abrazos, besos y otras manifestaciones de cariño tienen connotación fraternal. Pero en una convivencia social más amplia se vive otra dimensión en la cual continuamos siendo fraternos, pero con gente que no habíamos conocido hasta entonces.
En nuestras amistades no buscamos subyugar al otro o sacar provecho de alguna situación. Sin embargo, en la experiencia con el sexo opuesto, podemos afrontarnos con algunas sorpresas, como por ejemplo, creer que un nuevo sentimiento, además de la amistad, puede estar aflorando.

Manifestamos nuestra lealtad por esa amistad a través de las más variadas demostraciones de cariño: abrazos, besos, llamadas telefónicas… Sin embargo ya no estaremos besando nuestros hermanos, ni tampoco abrazando nuestros padres. Pero, sin un noviazgo empieza a partir de una amistad verdadera, ¿cómo podemos identificar si nuestro abrazo está ganando un sabor diferenciado? ¿Podrá aquel(la) amigo (a) ser un (a) futuro (a) novio (a)?.

Si realmente nos proponemos a realizar tal descubrimiento, el primer paso, creo ser interesante evaluar, seria buscar identificar en esta persona cualidades, destreza, su sentido de responsabilidad ante los hechos, sus compromisos, etc.
Considerando la posibilidad de vivir el cambio de una amistad a un noviazgo, este será el momento propicio para invertir más todavía en la mistad, a fin de buscar propuestas para los requisitos que consideramos necesarios para nuestra felicidad.

Sin atropellos, y en la madurez que Dios desea concedernos, debemos colocarnos predispuestos a vivir ese tiempo de conocimiento recíproco y de “investigación”, sin anticipar el momento de Dios, preparándonos para vivir “la prueba del noviazgo”.

Dado Moura

Sensatez en nuestras decisiones


Todos los días, necesitamos tomar nuestras propias decisiones y algunas de ellas, a veces son asumidas sin una profunda evaluación sobre las consecuencias que podrían traer a nuestra vida. Dentro de la vida conyugal, a lo largo de los años, vamos percibiendo que las decisiones tomadas en el hogar son más tranquilas cuando existe un consenso entre marido y mujer, este consenso va desde lo que se pone en la cesta de compras hasta la manera de educar los hijos.

Pueden surgir divergencias, especialmente, cuando decidimos por nosotros mismos, por lo tanto ¿qué hacer delante de la posibilidad de cometes errores?, nuestro cónyuge nos puede culpar, diciendo: “Era obvio que eso no iba funcionar“. La vida de a dos se vuelve más fácil cuando la pareja se da cuenta que la sensatez se encuentra en el acuerdo entre el esposo y la mujer, que de manera harmoniosa, establecen en el relacionamiento.

Sin embargo, sea cual fue nuestro estado de vida: soltero, casado o viudo en el momento en que estamos convencidos, de hacer alguna cosa, la impulsividad nos estimula a hacer lo que más nos agrada o nos parece más fácil. Con la intención de que se haga nuestra voluntad, enfocamos nuestro objetivo en una sola opción, la cual creemos ser la mejor alternativa y, por lo tanto, nos arriesgamos. Muchas veces, obstinados en nuestra verdad, cerramos los oídos para cualquier otra opinión distinta de la que creemos que es la correcta, y ciegos en nuestros propósitos, podemos perder la noción sobre la real importancia de lo que decidimos realizar.

Como individuos, tenemos el derecho de formar nuestra propia opinión sobre las cosas, pero tenemos que tener la noción de los impactos que son causados por nuestras actitudes en nuestra vida, como también en la vida de aquellos que están a nuestro lado. En el tránsito, vemos con frecuencia, conversaciones peligrosas y atajos forzosos, simplemente para ahorrar algunos minutos, muchas veces, en nada de significativo, sólo para hacer un viaje. Pero, ¿Será que los pasajeros de estos vehículos están conscientes y unánimes en asumir  las consecuencias de las decisiones tomadas por el conductor?
Sabemos que algunas actitudes sin pensar, que tomamos deliberadamente, de alguna manera, tuvieron grandes consecuencias, y sus reflejos todavía, se ven en nuestra vida, en el ambiente de trabajo, en la familia y hasta pueden empañar nuestra imagen delante otras personas.

Ante las situaciones futuras, sencillas o complejas, tomémonos como táctica el compartir opiniones con mi pareja sobre aquello que pretendemos hacer. Así, evitaremos que la falta de sensatez que nos haga pasar gato por liebre con actitudes que pueden comprometernos a nosotros y a nuestro semejante. Para esto, recoger informaciones sobre los hechos, estudiar lo que tenemos en  manos, determinar los pros y los contras sobre lo que se asume, son señales de madurez, equilibrio y prudencia.

Dado Moura