Es una práctica que corrompe la más profunda expresión de amor
Actualmente, una de las mayores fuentes de recursos financieros es la industria de la pornografía
que crece, cada año, no solamente en los Estados Unidos sino también en Brasil, entre otros países. El acceso a este tipo de producto se ha modernizado, y para ser menos ofensivo cambió de nombre. Aquello que era sinónimo de vulgaridad, para volverse más popular, ha pasado a ser conocido como “producto destinado a un público adulto”.
En otros tiempos la pornografía solamente se veía en las revistas, casi siempre mal impresas y vendidas de la manera oculta en las tiendas. En las “industrias” se ha capacitado en diversos segmentos y ha crecido con la aceptación, cada vez más, por parte de la sociedad. Algunas empresas no se intimidan en ofrecer abiertamente a sus clientes, entre las líneas de sus servicios, productos también destinados al “público adulto”. Este ejemplo se puede ver en el video de alquiler, canal de TV a cable, juegos electrónicos entre otras infinidades de ofertas.
Con la facilidad de acceso y con la aceptación cada vez mayor en el medio social – como algo normal, muchas personas se han convertido en consumidores de estos productos. Por medio de varios tipos de comunicación, se prenden, poco a poco al consumo de los materiales obscenos, que nos lleva a la dependencia
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Como cualquier otro tipo de vicio, esta práctica va a exigir de la persona, cada día, la necesidad de ver las imágenes con niveles más fuertes. Las escenas, cada vez mas extrañas, poco a poco, van dejando de ser tan ofensivas a los ojos, aun cuando tienen como protagonistas niños y jóvenes, que apenas consiguen comprender aquello que están haciendo.
La pornografía corrompe la más profunda expresión de amor a través de la intimidad entre un hombre y una mujer. Hace que la persona, acostumbrada a su uso, altere sus preferencias, experimentando un líbido deforme, que va totalmente contra su naturaleza que ofusca la sencillez de la intimidad sexual.
Aquellas personas que se sienten anestesiadas por las imágenes, es una señal de que aquello que antes era sólo una curiosidad para ellos está caminando hacia una dependencia, lo que sin duda afectará sus relaciones.
Es común que estas personas- acostumbradas a la pornografía- tengan actitudes lascivas en las charlas, en las miradas, en el pensamiento y también en los gestos de cariño que, lamentablemente, no siempre son puros.
Por más de que sea vergonzoso para alguien admitir un vicio, es necesario buscar ayuda. La persona que se ve presa al consumo de estos productos debe romper con esa dependencia. Es como en todo tratamiento que tenemos la necesidad de eliminar, en el día a día de acceso de materiales eróticos; deshaciéndose de revistas, películas, bloquear los canales de TV eróticos y bloquear el acceso a Internet, por medio de contraseñas y otros tipos de protección.
Revertir los daños causados por las fantasías pornográficas, devuelve la alegría de vivir en equilibrio entre el hombre y la mujer; sin vaciarse de la grandeza de la intimidad reservada de un matrimonio
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Dado Moura