martes, 10 de agosto de 2010

El vicio de la pornografia

Es una práctica que corrompe la más profunda expresión de amor
Actualmente, una de las mayores fuentes de recursos financieros es la industria de la pornografía que crece, cada año, no solamente en los Estados Unidos sino también en Brasil, entre otros países. El acceso a este tipo de producto se ha modernizado, y para ser menos ofensivo cambió de nombre. Aquello que era sinónimo de vulgaridad, para volverse más popular, ha pasado a ser conocido como “producto destinado a un público adulto”.

En otros tiempos la pornografía solamente se veía en las revistas, casi siempre mal impresas y vendidas de la manera oculta en las tiendas. En las “industrias” se ha capacitado en diversos segmentos y ha crecido con la aceptación, cada vez más, por parte de la sociedad. Algunas empresas no se intimidan en ofrecer abiertamente a sus clientes, entre las líneas de sus servicios, productos también destinados al “público adulto”. Este ejemplo se puede ver en el video de alquiler, canal de TV a cable, juegos electrónicos entre otras infinidades de ofertas.

Con la facilidad de acceso y con la aceptación cada vez mayor en el medio social – como algo normal, muchas personas se han convertido en consumidores de estos productos. Por medio de varios tipos de comunicación, se prenden, poco a poco al consumo de los materiales obscenos, que nos lleva a la dependencia.
Como cualquier otro tipo de vicio, esta práctica va a exigir de la persona, cada día, la necesidad de ver las imágenes con niveles más fuertes. Las escenas, cada vez mas extrañas, poco a poco, van dejando de ser tan ofensivas a los ojos, aun cuando tienen como protagonistas niños y jóvenes, que apenas consiguen comprender aquello que están haciendo.

La pornografía corrompe la más profunda expresión de amor a través de la intimidad entre un hombre y una mujer. Hace que la persona, acostumbrada a su uso, altere sus preferencias, experimentando un líbido deforme, que va totalmente contra su naturaleza que ofusca la sencillez de la intimidad sexual.
Aquellas personas que se sienten anestesiadas por las imágenes, es una señal de que aquello que antes era sólo una curiosidad para ellos está caminando hacia una dependencia, lo que sin duda afectará sus relaciones. 

Es común que estas personas- acostumbradas a la pornografía- tengan actitudes lascivas en las charlas, en las miradas, en el pensamiento y también en los gestos de cariño que, lamentablemente, no siempre son puros.
Por más de que sea vergonzoso para alguien admitir un vicio, es necesario buscar ayuda. La persona que se ve presa al consumo de estos productos debe romper con esa dependencia. Es como en todo tratamiento que tenemos la necesidad de eliminar, en el día a día de acceso de materiales eróticos; deshaciéndose de revistas, películas, bloquear los canales de TV eróticos y bloquear el acceso a Internet, por medio de contraseñas y otros tipos de protección.

Revertir los daños causados por las fantasías pornográficas, devuelve la alegría de vivir en equilibrio entre el hombre y la mujer; sin vaciarse de la grandeza de la intimidad reservada de un matrimonio.

Dado Moura


Texto traduzido de www.dadomoura.com

viernes, 30 de julio de 2010

¿Cómo discernir si es noviazgo o amistad?

El hombre no nació para vivir aislado, eso lo sabemos, inclusive aprendemos en la escuela la importancia del relacionamiento.
Podríamos decir que la amistad entre las personas se fundamenta en los encuentros de necesidades diversas y en descubrimientos conjuntos basados en la lealtad y en el comprometimiento.

Cuando estamos dentro de una convivencia familiar, nuestros abrazos, besos y otras manifestaciones de cariño tienen connotación fraternal. Pero en una convivencia social más amplia se vive otra dimensión en la cual continuamos siendo fraternos, pero con gente que no habíamos conocido hasta entonces.
En nuestras amistades no buscamos subyugar al otro o sacar provecho de alguna situación. Sin embargo, en la experiencia con el sexo opuesto, podemos afrontarnos con algunas sorpresas, como por ejemplo, creer que un nuevo sentimiento, además de la amistad, puede estar aflorando.

Manifestamos nuestra lealtad por esa amistad a través de las más variadas demostraciones de cariño: abrazos, besos, llamadas telefónicas… Sin embargo ya no estaremos besando nuestros hermanos, ni tampoco abrazando nuestros padres. Pero, sin un noviazgo empieza a partir de una amistad verdadera, ¿cómo podemos identificar si nuestro abrazo está ganando un sabor diferenciado? ¿Podrá aquel(la) amigo (a) ser un (a) futuro (a) novio (a)?.

Si realmente nos proponemos a realizar tal descubrimiento, el primer paso, creo ser interesante evaluar, seria buscar identificar en esta persona cualidades, destreza, su sentido de responsabilidad ante los hechos, sus compromisos, etc.
Considerando la posibilidad de vivir el cambio de una amistad a un noviazgo, este será el momento propicio para invertir más todavía en la mistad, a fin de buscar propuestas para los requisitos que consideramos necesarios para nuestra felicidad.

Sin atropellos, y en la madurez que Dios desea concedernos, debemos colocarnos predispuestos a vivir ese tiempo de conocimiento recíproco y de “investigación”, sin anticipar el momento de Dios, preparándonos para vivir “la prueba del noviazgo”.

Dado Moura

Sensatez en nuestras decisiones


Todos los días, necesitamos tomar nuestras propias decisiones y algunas de ellas, a veces son asumidas sin una profunda evaluación sobre las consecuencias que podrían traer a nuestra vida. Dentro de la vida conyugal, a lo largo de los años, vamos percibiendo que las decisiones tomadas en el hogar son más tranquilas cuando existe un consenso entre marido y mujer, este consenso va desde lo que se pone en la cesta de compras hasta la manera de educar los hijos.

Pueden surgir divergencias, especialmente, cuando decidimos por nosotros mismos, por lo tanto ¿qué hacer delante de la posibilidad de cometes errores?, nuestro cónyuge nos puede culpar, diciendo: “Era obvio que eso no iba funcionar“. La vida de a dos se vuelve más fácil cuando la pareja se da cuenta que la sensatez se encuentra en el acuerdo entre el esposo y la mujer, que de manera harmoniosa, establecen en el relacionamiento.

Sin embargo, sea cual fue nuestro estado de vida: soltero, casado o viudo en el momento en que estamos convencidos, de hacer alguna cosa, la impulsividad nos estimula a hacer lo que más nos agrada o nos parece más fácil. Con la intención de que se haga nuestra voluntad, enfocamos nuestro objetivo en una sola opción, la cual creemos ser la mejor alternativa y, por lo tanto, nos arriesgamos. Muchas veces, obstinados en nuestra verdad, cerramos los oídos para cualquier otra opinión distinta de la que creemos que es la correcta, y ciegos en nuestros propósitos, podemos perder la noción sobre la real importancia de lo que decidimos realizar.

Como individuos, tenemos el derecho de formar nuestra propia opinión sobre las cosas, pero tenemos que tener la noción de los impactos que son causados por nuestras actitudes en nuestra vida, como también en la vida de aquellos que están a nuestro lado. En el tránsito, vemos con frecuencia, conversaciones peligrosas y atajos forzosos, simplemente para ahorrar algunos minutos, muchas veces, en nada de significativo, sólo para hacer un viaje. Pero, ¿Será que los pasajeros de estos vehículos están conscientes y unánimes en asumir  las consecuencias de las decisiones tomadas por el conductor?
Sabemos que algunas actitudes sin pensar, que tomamos deliberadamente, de alguna manera, tuvieron grandes consecuencias, y sus reflejos todavía, se ven en nuestra vida, en el ambiente de trabajo, en la familia y hasta pueden empañar nuestra imagen delante otras personas.

Ante las situaciones futuras, sencillas o complejas, tomémonos como táctica el compartir opiniones con mi pareja sobre aquello que pretendemos hacer. Así, evitaremos que la falta de sensatez que nos haga pasar gato por liebre con actitudes que pueden comprometernos a nosotros y a nuestro semejante. Para esto, recoger informaciones sobre los hechos, estudiar lo que tenemos en  manos, determinar los pros y los contras sobre lo que se asume, son señales de madurez, equilibrio y prudencia.

Dado Moura